martes, 11 de diciembre de 2007

¿QUIÉN SE LLEVÓ MI LIBRO? IV

Al día siguiente empezó Lucas a practicar los ejercicios que le había señalado su tío. Empezó haciendo los ejercicios oculares durante tres minutos, luego cogió el lapicero sin tinta y lo fue deslizando por las líneas que aparecían en el cuaderno, fueron otros tres minutos. No tuvo problemas para realizar estos ejercicios porque eran sumamente sencillos. El tío Antonio vigilaba atentamente a su sobrino y le daba algunas recomendaciones, como por ejemplo, que la punta de la nariz debía señalar siempre el centro de la hoja que se está leyendo, ya que es una forma de saber si nuestra postura es correcta. Otra cosa que también le corrigió fue que al usar el lapicero o señalador, el antebrazo debía estar pegado, ligeramente, a las costillas y con la otra mano se podía asegurar la hoja para que esta no se mueva.

Mucha gente que se cree muy preparada en materia de instrumentos de lectura sostiene que no se debe usar, cuando se lee, ni el dedo, ni señaladores como el lapicero, ni los palitos chinos porque dicen que se ve feo. Esto es totalmente falso y no tiene una sustentación científica que demuestre lo contrario. Yo quisiera ver cómo estas personas buscan un nombre en una guía telefónica, segurísimo que usarían el dedo como un señalador; por lo tanto, la lectura no es un acto estético que se quiebra por usar el dedo. Por último si aún tienen dudas aquí tienen un test que está en El libro de la lectura rápida, de Tony Buzan:

EL USO DEL PALITO O DEL DEDITO

GUIAR LOS OJOS: UNA NUEVA TÉCNICA DE LECTURA VELOZ

¿Usa usted el dedo índice, el pulgar, un lápiz, lapicero cuando…

1. Busca un número en la guía telefónica? Sí / No

2. Busca una palabra en el diccionario Sí / No

3. Suma una columna de números Sí / No

4. Se concentra en un punto que desea anotar Sí / No

5. Señala el pasaje de un texto al que desea

que alguien le preste atención Sí / No

Si usted a marcado en la mayoría SÍ, es porque es una forma tan natural que tenemos para leer y no perder la atención.

Cuando leemos nuestros ojos tienen dos tareas fundamentales: primero ubicar y seguir la línea escrita para no perderla y, segundo, captar o fotografiar esa imagen para llevarla a través del nervio óptico al cerebro en donde se produce la verdadera lectura o descodificación. El uso del dedo o de un señalador hace que los ojos se vean aliviados de su primera función, es decir, se liberan de estar focalizados en la ubicación del renglón y casi todo el trabajo se dedica a la percepción del texto. Esto genera una mayor atención en beneficio de la decodificación y comprensión del texto. Leer con un señalador hace que mejore nuestra calidad de percepción y, al mismo tiempo, nuestra velocidad aumenta progresivamente hasta que se vuelve constante.

Después de haber practicado los ejercicios el pequeño Lucas, el tío Antonio le entregó otros ejercicios como el que te presentamos ahora para que le dedique otros minutos de práctica. Esta vez las líneas estaban constituidas por palabras que extrañamente se repetían.

Le llamó la atención estos nuevos ejercicios, pero el pequeño cada vez confiaba más en las enseñanzas de su tío y se dispuso a realizarlos durante tres minutos más por cada ejercicio. Deslizaba el lapicero por cada una de las líneas en donde se repetían frases como “leer es fácil y divertido”, “amo a mis padres”, etc. Cada vez lo hacía con más rapidez y con unas ganas de pasar al los siguientes ejercicios que el tío Antonio le tenía reservado.

Efectivamente, minutos después el maestro le entregó una hoja en donde había un pequeño texto de aproximadamente 200 palabras, las letras eran visibles y el interlineado era a doble espacio

El maestro tomó su reloj y a su señal le pidió que lea en silencio usando el señalador y al terminar la lectura le pidió que se lo haga saber.

Lucas dio inicio a su lectura usando su lapicero como señalador y en casi un minuto había terminado de leer. El maestro hizo unas operaciones matemáticas simples, y obtuvo la velocidad lectora de Lucas que era 196 palabras por minuto. Esto era ya un buen paso porque había casi triplicado su velocidad en relación a una prueba a la que fue sometido antes de que empiece este curso de lectura veloz. El tío Antonio se mostraba serio y le pidió que volteara la hoja y que le haga un resumen del texto leído.

Lucas, algo nervioso, dijo que la lectura trataba de tres deportistas minusválidos que corrían los cien metros planos y el que iba ganado voltea la cabeza y ve que uno de ellos, que corría en su silla de ruedas, se había quedado atascado y, entonces, decide regresar para ayudarlo a salir y seguir la carrera. Pero este hecho hace que pierda la carrera, sin embargo, fue aclamado por todos los espectadores.

Esta vez el tío Antonio sonrió y abrazó fuertemente a su sobrino y le dijo que estaba muy bien. El pequeño sintió, por primera vez, que podía ser tan buen alumno como sus compañeros. (CONTINUARÁ...)

Gracias por leer

Manuel Urbina

prolector@hotmail.com


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